En una tarde gris conversando con mi padre, compañero inseparable cuando de fútbol se trata, acordamos ir al estadio a ver el partido que jugaría el equipo de mis amores contra el fuerte y ordenado cuadro trujillano. Camino al estadio íbamos recordando la mala racha en la que estuvo sumergido mi equipo hace unas cuantas fechas, y entró en nosotros ese miedo, pequeño pero miedo al fin, de saber que pasaría si volvemos a perder.
Ya en el estadio, se percibía un buen ambiente aunque no un lleno total como en otras oportunidades. Inesperadamente salieron los equipos al terreno de juego, César Vallejo y Sporting Cristal, respectivamente; es evidente que la ovación, cánticos y euforia la desató el equipo local. La escuadra celeste formo con: Carvallo, en el arco; Prado, González, Villalta, Fernández; Pérez, Lizarbe, Lobatón, Palacios; Yotún y Hurtado.
Los del norte eran: Guevara; Ugaz, Salazar, Hernández, Iglesias; Casas, Faiffer, Cordero, Ubillus; Caldas y Recalde.
Víctor Rivera fue muy puntual y dio el pitazo inicial a la hora establecida (3:30 p.m.). El equipo cervecero fue opacado por once trujillanos tácticamente más ordenado y prolijo en todas sus líneas. Los pupilos de Oblitas no tuvieron ideas y buscaron por los costados sin encontrar un destino seguro. Quizás la falta de explosión en la mitad de la cancha, la escasez de profundidad de los artilleros rimenses o el buen trabajo que realizó Faiffer y Casas fueron los motivos de que el equipo limeño no pudiera anotar en el primer tiempo.
La hinchada rimense comenzaba a impacientarse y sin duda alguna sentía preocupación, rondaban los fantasmas de derrotas pasadas que ya eran historia pero que podían volver si es que el equipo de la florida no ponía todo dentro de la cancha. La preocupación también se instaló en la zona técnica y en el palco dirigencial, donde Alfonso Grados y José Antonio Osterling renegaban por la desidia que mostraba el equipo rimense.
Para la segunda mitad Oblitas mando a la cancha al delantero Junior Aliberti tomando el puesto de Yotún, se esperaba un cambio en el equipo, tanto futbolístico como anímico. Aprovechando el vacío que había dejado Salazar (por lesión), cristal demostró que en su condición de grande no podía perder y menos en casa.
Tenía que salir todo perfecto, y así fue. Wenceslao Fernández, como en sus inicios, se acordó de la numero 10 y armo una pared con el chorrillano quien como en sus mejores años devolvió con un pase perfecto; Wenche dejó solo contra el arco a junior aliberti quien solo tuvo que tocarla para así desatar la algarabía y euroforia en el extremo celeste y en todos los corazones cerveceros.
El cuadro Trujillano siguió atacando y con el ingreso del peligroso ariete Antonio Meza Cuadra, la delantera tuvo más agresividad. La hinchada celeste no estaba conforme con un solo gol y peor aun sabiendo que, en ocasiones anteriores, no voltearon el partido por no liquidar a los rivales. Esta vez Cristal no liquidaría, pero tampoco perdería. Un gol fue suficiente para ratificar la salida de esa mala racha y hacer creer a todos sus fanáticos en que vendrán tiempos mejores, que como la espuma de una cerveza el equipo subirá escalón pon escalón hasta llegar a los primeros lugares de la tabla.
Ya concluido el encuentro y con el resultado establecido, el equipo bajopontino se reunió en la mitad del terreno, gesto que da una sensación de unión que es lo mas importante en un plantel. Eso hizo que el público sintiera felicidad y serenidad a la vez. Felicidad porque el equipo había conseguido su segunda victoria consecutiva y serenidad por que la próxima semana Cristal tenía otro examen, otro reto que afrontar, otra oportunidad para ratificar que este cristal no se rompe, esta vez ante el equipo del CNI. Pero eso ya es otra historia, el presente dice que el Sporting ganó y poco a poco va encontrando la senda del triunfo.

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